We will never understand God. He
tells us through the Prophet Isaiah, “My thoughts are not your thoughts, nor
are your ways my ways, says the LORD. As high as the heavens are above the
earth, so high are my ways above your ways and my thoughts above your thoughts”
(Isaiah 55: 8 – 9). What we can
understand and what we do know is that God loves us. He reminds us, “With age-old love I have
loved you; so I have kept my mercy toward you” (Jeremiah 31:3).
God loves us so much He sent his only Son, Jesus Christ, into the world
to save us. And Jesus loves us. St. John
tells us that, “He loved his own in the world and he loved [us] to the end”
(John 13: 1). Because of his
overwhelming love, Jesus asked His Father to send us the Holy Spirit, our
Advocate, to be with us always (John 14: 16).
It is through the power of the Holy Spirit that we have the capacity to
love God and each other. In 1 Corinthians 2: 12, St. Paul says, “We have not received
the spirit of the world but the Spirit that is from God, so that we may
understand the things freely given us by God.” Love is a gift from God. It is through our love of God and love of
each other that we can enter into the mystery of God, Father, Son and Holy
Spirit.
God, source of all life and love,
We sing out to you today
The joy of our faith and our love.
You have loved us first
Before we could even know you.
Father, with a love as tender as that of a mother,
Our hearts recognize your greatness and your mercy.
You let Jesus become your face,
Our brother, near and approachable,
Saving us by his death and resurrection.
Your Spirit animates us with your love and strength.
Keep alive in us that love and that joy,
Let our gratitude resound all over the earth!
All blessing and praise be to you
Through Jesus Christ our Lord.
Amen.
Hoy celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad, el gran dogma de
la fe cristiana. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la Doctrina
de la Trinidad es además el “misterio central de la fe y de la vida cristiana”
(CIC 234). Cuando hablamos sobre un misterio de fe, no estamos refiriéndonos a
algo con una pista o clave como en una novela de suspenso por Agatha Christie,
o una serie de televisión como “Murder She Wrote”. La palabra misterio se
deriva del griego “mysterion”, que
quiere decir un acontecimiento de revelación divina. Un misterio es un
encuentro con algo sagrado. Hoy, en la Solemnidad de la Santísima Trinidad el
misterio que contemplamos es cómo Dios en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu
Santo nos ha amado desde el comienzo de los tiempos.
Nosotros nunca entenderemos a Dios. El nos dice por medio del Profeta
Isaías, “Sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de
ustedes, dice el Señor. Así como el cielo está muy alto por encima de la
tierra, así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos y mis
proyectos son muy superiores a los de ustedes” (Isaías 55:8-9). Lo que nosotros
sí podemos entender y lo que sabemos es que Dios nos ama. El nos recuerda que,
“Con amor eterno te he amado, por eso prolongaré mi cariño hacia ti” (Jeremías
31:3).
Dios nos ama tanto que envió a su único Hijo, Jesucristo, a este mundo
para salvarnos; y Jesús nos ama. San Juan nos dice que “como había amado a los
suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Juan 13:1). A causa
de su amor abrumador, Jesús le pide a su Padre que nos envíe el Espíritu Santo,
nuestro Protector, “para que esté siempre con nosotros” (Juan 14:16). Es por
medio del Espíritu Santo que nosotros tenemos la capacidad de amar a Dios y a
cada uno de nosotros. In 1 Corintios 2:12, San Pablo nos dice, “Nosotros no
hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, y por
él entendemos lo que Dios nos ha regalado”. El amor es un regalo de Dios. Es
por medio del amor que le tenemos a Dios y el amor a cada uno de nosotros que
podemos entrar al misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dios, fuente de toda
vida y amor,
hoy te cantamos en voz
alta
la alegría de nuestra
fe y amor.
Tú nos amaste primero
aún antes de nosotros
conocerte.
Padre, con un amor tan
tierno como el de una madre,
nuestros corazones
reconocen tu grandeza y tu misericordia.
Le permites a que
Jesús sea tu rostro,
nuestro hermano cercano y alcanzable,
que nos salva por
medio de su muerte y resurrección.
Tu Espíritu nos da
ánimo con tu amor y fortaleza,
Mantiene vivo ese amor y esa alegría en nosotros.
¡Que nuestro
agradecimiento resuene por toda la tierra!
Que todas las
bendiciones y alabanzas sean para Ti
por medio de
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.